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martes, 10 de junio de 2008

no corten más cabezas


La Europa sin fronteras, con una moneda para todos y un Parlamento común es un milagro que parecía imposible hace unos 70 años. Durante siglos, los europeos hemos guerreado y nos hemos masacrado (hasta el paroxismo de las dos guerras mundiales), hemos recelado unos de otros, hemos acusado al vecino de los mayores malos y nos hemos traicionado cientos de veces. Que Europa viva hoy en paz y que trabajemos juntos por un proyecto común es algo sorprendente y digno de admiración y más todavía si se tiene en cuenta la increíble rapidez de este proceso.
Pero obviamente, siglos de malos rollos no se pueden borrar mágicamente en unas pocas décadas y es curioso que el fútbol sea uno de los espacios donde esos piques y enemistades se pueden expresar libremente. Casi siempre se trata de rivalidades sanas que no van más allá de algunas burlas, pero a veces pueden sacar a la luz cuestiones más graves y más profundas: especialmente si los países implicados no han saldado correctamente sus cuentas con el pasado.

Posiblemente las dos naciones europeas con más rencores acumulados y no sanados sean Alemania y Polonia. Por ejemplo, la batalla de Grunwald, en la que polacos y lituanos soprendieron a la Orden Teutónica en 1410, todavía se celebra como fecha nacional. Historias terribles no han faltado en el último siglo: invasión nazi, campos de concentración, extensas zonas antiguamente alemanas pasando a Polonia tras la guerra... La guerra fría no hizo más que cortar todavía más las relaciones entre ambos países (y tampoco fueron muy buenas entre Polonia y Alemania Oriental), imposibilitando un debate sobre lo ocurrido y una reconciliación. Y ya en los últimos años, la política nacionalista de los Kaczynski y la moratoria alemana para la llegada de inmigrantes polacos no ha ayudado para acabar con los recelos a ambos lados del Oder.

Y así llegamos a la Eurocopa, con ambos países en el mismo grupo, y al escándalo de los famosos montajes: el de Leo Beenhakker con las cabezas de Ballack y Löw y, otro menos conocido publicado en Fakt, el del entrenador holandés a punto de decapitar con su espada a un Michael arrodillado.
Las fotos son inquietantes si inducimos a través de ellas el odio que pueden sentir los polacos hacia sus vecinos. Realmente no es algo agradable de ver y prueba que no existe una gran simpatía, pero tampoco debemos llegar a ser alarmistas. En primer lugar, porque la realidad es siempre compleja y enmarañada. Resulta que el diario Fakt, el más leído en Polonia, fue comprado justo tras la transición por Axel Springer, ni más ni menos que ¡el propietario del tabloide alemán Bild!. Así que, a pesar de la inoportunidad de las portadas y de que recogerán algo del espíritu realmente existente, no sería extraño que sólo quisieran generar polémica, aumento de ventas y beneficios para el propietario único.
Y en segundo porque el proceso de unión está borrando las fronteras y uniendo nuestra historias cada vez más. Resulta curioso que un polaco que regresa a su país natal al menos tres veces al año fuera el encargado de meterle dos goles a Polonia.

lunes, 14 de abril de 2008

saarbrücken: un equipo pionero


Como ya vimos, debido a su posición geográfica, la historia futbolística del Sarre ha sido bastante especial. La de su principal (que no único) equipo, el 1.FC Saarbrücken también es muy peculiar: estamos hablando de uno de los clubes pioneros de la Copa de Europa, que hoy se encuentra perdido en la menos vistosa Oberliga Südwest.
La primera etapa del club es similar a la de muchos otros. Se funda en 1903 como sección futbolística de un club deportivo más antiguo, el Turnverein Malstatt (una ciudad casi pegada a Saarbrucken). En 1907 se hace independiente y dos años más tarde adquiere el nombre de FV Saarbrücken (tras la II Guerra Mundial y una obligada disolución, pasará a denominarse 1.FC Saarbrücken, tal como se le conoce hoy). Y años más tarde conseguiría triunfar en una de las Gauliga, en las que se dividió el fútbol alemán durante el nazismo.

Pero los años que hicieron realmente especial a nuestro equipo ocurrieron tras 1945. Tras la guerra, durante unas temporadas, el Saarbrücken todavía participa en la Oberliga (literalmente, liga superior y entonces realmente lo era) alemana. Pero con el especial carácter del territorio del Sarre (medio independiente, bajo protectorado francés) y con una federación propia inscrita en la FIFA, la situación no podía mantenerse mucho tiempo. La asociación del Sarre creó así, en 1948, la llamada Ehrenliga (la liga de honor), aunque dado el nivel de los equipos que la componían (a pesar del pequeño tamaño del territorio, hay varios clubes más, como Neunkirchen o el Saar 05), nuestro Saarbrücken pasó de participar en ella.
Curiosamente, aquel año el FCS militaría nada más y nada menos que en la segunda división... francesa (los franceses siempre han aspirado a este territorio y no era mala idea atraerlos con el fútbol). Técnicamente, el Saarbrücken participaba como invitado y no se le contaban los puntos, pero las clasificaciones oficiosas dictaban que este equipo era el campeón. Desgraciadamente, la liga francesa no permitió el ascenso y el Saarbrücken debió buscarse la vida él solo.

Y como no tenía dónde ir, en 1949 se inventó su propia competición: la Internationaler Saarland Pokal, una copa amistosa que reunía a equipos de medio mundo (por ejemplo, en la primera edición fueron invitados en St. Lieja, el Hadjuk Split, el Metz, el Rapid Viena y el ahora famoso Bellinzona). La competición tenía un formato particular: todos se enfrentaban contra el Saarbrücken y después, los cuatro equipos que mejores resultados hubieran tenido se enfrentaban en unas semifinales más clásicas. La siguiente edición (50/51), que también tendría al Neunkrichen como huésped, tuvo que ser interrumpida, pues el Saarbrücken pudo ingresar de nuevo en la Oberliga alemana y estos partidos amistosos perdieron su interés.

Unos años más tarde llegaría el momento más mítico para el FCS. En 1954/55, su tercer puesto en la Oberliga no le permitió llegar al campeonato alemán final (recordemos que hasta 1963 no existe la Bundesliga ni una liga unificada), pero le dio el pase (como mejor equipo del Sarre, todavía autónomo hasta 1957) a una nueva competición: la Copa de Europa.
Su experiencia en la recién creada máxima competición fue realmente breve, pero dará al equipo un lugar en la leyenda del fútbol. En el sorteo le tocó el poderoso Milan de los míticos Liedholm, Nordahl y Maldini (padre) y el resultado contra nuestro equipo semiprofesional fue el esperado: cayeron en esa primera ronda. Eso sí, no sin dar la increíble sorpresa de acabar 3-4, en la ida en San Siro (perderían, sin embargo, 1-4 en Sarre).

Pero pocos años más tarde el Saarbrücken volvería a estar presente en la primera edición de un gran competición. En 1962, tras muchos años de debates, se creaba el primer campeonato alemán unificado (al menos para la Alemania Federal), la famosa Bundesliga. Los dieciséis equipos que la conformarían fueron elegidos por criterios geográficos (se quería representar en lo posible a toda Alemania), económicos, sociales y deportivos y el FCS, que había obtenido buenos resultados en su correspondiente oberliga, fue seleccionado, junto a grandes como el Borussia Dortmund, Colonia o Eintracht (por cierto, el Bayern Múnich todavía no era entonces lo suficientemente grande).
La cosa duró poco: el Saarbrücken quedó en último lugar y, como es natural, descendió. Tardaría más de una década (1976) en regresar a la competición puntera. Pero antes de que eso ocurriera, nuestro equipo volvería figurar en la primera edición de un campeonato: en 1974 está presente en la recién creada 2.Bundesliga (la segunda división), que por aquel entonces estaba compuesta de dos grupos de 20 equipos.

Desde entonces, el FCS es realmente un equipo ascensor que ha conocido todos los escalafones del sistema alemán: ha tenido alguna presencia en la 1.Bundesliga (la última, en el 92/93 y duró solo un año) y ha conocido la segunda, la regional. Hoy, tras dos descensos consecutivos se encuentra en la Oberliga Südwest, con grandes posibilidades de ascenso. No es extraño: el año que viene se reestructurá de nuevo el sistema alemán y se creará una Tercera división única: ¿volverá el Saarbrücken a ser pionero?

En la foto, el cartel del partido de Copa de Europa contra el Milan. Por cierto, en la temporada 50/51 el FCS se enfrentó al Real Madrid con resultado de 4-0... ¡para los del Sarre!

sábado, 15 de marzo de 2008

una extraña selección "alemana"


Hay que compadecerse de los niños del Sarre: sus clases de historia y geografía deben ser de las más complicadas del mundo. Desde que a los nietos y bisnietos de Carlomagno les dio por repartirse su imperio, esta región, enclavada en la frontera entre Alemania y Francia (y casualmente rica en carbón y otros minerales) no ha hecho más que pasarse de manos germanas a francesas y viceversa. Como señala la gran Wikipedia, en los últimos doscientos años, el Sarre cambió hasta ocho veces su dependencia respecto a uno u otro país. Pero para lo que ahora vamos a tratar, interesan especialmente los dos últimos pasajes.
Al contrario de lo que se piensa normalmente, tras la II Guerra Mundial, Alemania quedó dividida, en tres zonas (en realidad, en un primer momento, fueron cuatro): la República Federal, la República Democrática y el Sarre, que quedó como un protectorado bajo la tutela de Francia. La primera idea de los galos era apropiarse directamente este último territorio, pero ante la oposición de los sarrenos (y la idea de no humillar demasiado a los alemanes), se debieron conformar con esta fórmula.

En 1950, se define por fin y se legisla claramente la relación entre el Sarre y Francia, sentando las bases para una cierta autonomía del protectorado. Fruto de ello, ese mismo año, la Saarlandischer Fussball Bund (fundada en julio de 1948)consigue ingresar en la FIFA, tras haber rechazado un año antes integrarse en la Federación Francesa. Irónicamente, es la primera selección alemana en ser reconocida por la organización mundial del fútbol.
La curiosa trayectoria de la selección sarrena (que empezó en noviembre de 1950, venciendo a Suiza B por 5-3) tiene más valor histórico que deportivo. De los 19 partidos que disputó (diez de ellos contra selecciones B), consiguió cinco victorias, tres empates y hasta once derrotas (la mayor de todas, ante los campeones del mundo, Uruguay, por 1-7). Su mayor logro, sin duda, fue su actuación en la liguilla triangular de clasificación para el Mundial de 1954, en la que quedó por encima de Noruega (tras una histórica victoria en Oslo) y podría haber complicado las cosas a la hermana Alemania Federal (en unos partidos con una carga simbólica excepcional).

Poco más pudo hacer la selección del Sarre, debido a la brevedad de la vida independiente de la región. En 1954, Francia y Alemania, en el contexto de construcción de las primeras comunidades europeas, diseñaron un estatuto especial para el Sarre, por el que se convertiría en una zona especial que albergaría las sedes de las principales instituciones europeas. Sin embargo, en el referéndum sobre la cuestión celebrado en 1955, el no a este estatuto venció claramente (a pesar de que el voto afirmativo contaba con el apoyo del canciller Adenauer)y se acordó que el Sarre fuera integrado en la Alemania Federal a partir de enero de 1957.

Obviamente, carente el Sarre de autonomía, su selección dejaba de tener sentido, por lo que su último partido lo disputó contra Holanda en junio de 1956, en el mítico Ludwigparkstadion (único campo en el que jugó como local y que sigue siendo usado por el FC Saarbrücken). Pero, por supuesto, aun sin equipo nacional (un término que los sarrenos trataron siempre de evitar), el fútbol no desapareció en este estado: en el próximo "episodio" hablaremos de este FC Saarbrücken y otros clubes de la región.
Un dato más para acabar: desde 1952, la selección del Sarre fue dirigida por un tal Helmut Schön, un tipo nacido en Dresde y buen futbolista en su juventud, que huyó de la parte oriental cuando la cosa se puso fea y que años, más tarde, cuando acabó su trabajo a orillas del río Sarre, lo único que consiguió fue ganar la Eurocopa y el Mundial con Alemania Federal.

En la imagen de arriba, Peter Bomber (derecha) estrecha la mano con Fritz Walter, capitán de la Alemania Federal. En la segunda foto, Puskas (derecha) se saluda con Herbert Binkert, uno de los mejores delanteros sarrenos

domingo, 17 de febrero de 2008

las estrellas (del escudo) del bayern


Efectivamente, en este post no vamos a hablar de Bastian Schweinsteiger ni de Ze Roberto, sino de las estrellas que luce el Bayern de Múnich en su escudo. Como se puede ver en la imagen con Van Bommel, luce tres, lo que, según el modelo italiano clásico de una estrella por cada diez títulos de liga, debería señalar que el equipo bávaro tiene treinta campeonatos como mínimo. Pero no, el Bayern ha conseguido sólo veinte ensaladeras, lo que nos lleva obviamente a preguntarnos, ¿a qué viene esa tercera estrellita?
Resulta que la relación de los alemanes con los astros en los escudos es algo compleja. Fue en el año 2004 cuando entró en vigor el sistema llamado Verdiente Meistervereine (literalmente, asociaciones campeonas que merecen, es decir, equipos que molan) por el cual se rigen las otorgaciones estelares. Contra la abstracta lógica de la que suelen hacer gala los germanos (y pasando del cartesiano método italiano), una estrellita equivale a tres ligas, dos estrellas, a cinco y tres astros, a diez bundesligas.
Por eso, el Bayern, como dijimos tiene sus tres estrellas sobre su escudo; mientras que el Borussia Mönchengladbach (o Moenchengladbach) luce dos y Werder, Borussia Dortmund, Hamburgo y Stuttgart tienen derecho a llevar una solitaria estrellita.
Pero no todo es tan sencillo ni tan bonito en la patria de Adenauer. La norma también dice que sólo se tendrán en cuenta los campeonatos de la Bundesliga (es decir, a partir de la tardía fecha de 1963, ya que antes no había un campeonato unificado) y se pasa de los equipos de la República Democrática Alemana (vamos, los del Este).
A algunos equipos esas cláusulas finales no les ha hecho mucha gracia. El Dynamo de Berlín, por ejemplo, que consiguió diez ligas en la RDA, intentó que la DFB reconociera esos títulos, pero sólo obtuvo el silencio. Quizás porque la forma de conseguirlos fue un tanto especial... al ser el equipo de la Stasi (enlavidaendomingo, tienes su historia bien contada). Así que por su cuenta se colocó las tres estrellitas, hasta que estos últimos años ha pasado por el aro y hace lo que manda la norma: llevar una única estrella con la cifra del número de títulos (diez) en el interior de ella (algo que también hacen equipos como el Dynamo Dresden, pero que no vi en otros como el Carl Zeiss Jena).
Otro al que no le gustó la medida fue al Greuther Fürth, aunque su caso sea distinto. Fürth no se encuentra en el Este, sino que es una pequeña ciudad del norte de Baviera, pero su equipo tiene un problema: sus tres campeonatos fueron ganados hace mucho tiempo, mucho antes del nacimiento de la Bundesliga, en 1914, 1923 y 1929. Pero los tréboles son más listos que el hambre. No sólo no han puesto la estrellita que en teoría les debería corresponder, sino que, ya que estaban, se han colocado tres, una por campeonato. Para ser formales, realmente esas estrellas sólo aparecen en el escudo "corporativo" del club (el que aparece en su web), pero no en su camiseta, que permanece inmaculada de objetos celestes, pero no vegetales.
Y así termina (en parte) la relación de Alemania con las estrellas (que nacieron en 1958, para premiar a la Juve diez veces campeona y que al menos en origen y oficialmente eran Estrellas de Oro al mérito deportivo); pero no las historias sobre el fútbol germano en este blog. Porque en el país más grande del centro de Europa caben muchas más cosas que unas pequeñas estrellas.