martes, 1 de abril de 2008

niente da fare


El destino es puñetero y cuando dice no, es que no. Hoy la Roma se enfrentaba a su bestia negra en Europa, el Manchester United, el equipo que le endosó 7 goles el año pasado y al que tampoco había logrado vencer este año en la liguilla de octavos. Por si los precedentes eran pesimistas, se caían del once romano Juan (lesionado), Perrotta (sancionado) y, sobre todo, el capitán Totti, exprimido hasta que dijo basta en el último partido de liga.
Había algún dato que invitaba a la esperanza: la Roma había ya ganado el partido de ida el año pasado (aunque de poco serviría, obviamente) y regresaba Vucinic, el delantero montenegrino, máximo goleador romano en la Champion's. Y realmente, en los primeros momentos del partido la cosa apuntaba bien. La Roma controlaba, tocaba y encerraba a un Manchester que resistía tranquilo cerca de su campo. El equipo local dominaba y tenía grandes ocasiones con Panucci y Vucinic, pero en el minuto 39 Scholes centró desde la banda derecha al área y Cristiano Ronaldo apareció fulminante entre la defensa romana para marcar el primer gol del Manchester.
La segunda parte tuvo un guión corregido y aumentado. La Roma salió desatada y sin complejos, jugando rápido, al toque, desbordando con velocidad por las bandas y arrinconando a todo el equipo inglés en su área. 10 córners contra 1, grandes ocasiones de Tonetto y Panucci, Aquilani que no llega por centímetros a un centro de gol. Pero, nada, niente da fare: en el minuto 66 pasa por el área romana un centro sin mucho peligro, Doni llega pero no atrapa y Rooney empuja a gol y agradece el regalo.
Dos disparos, dos goles. Un saldo que contrastaba con el claro dominio local y las muchas ocasiones falladas por una Roma que por momentos ha jugado realmente bien. Muchas crónicas hablarán de la diferencia de pegada entre ambos equipos. Yo creo en cambio que lo de la Roma contra el Manchester es cosa del destino. Y contra eso no hay nada que hacer.

Foto: Uefa